Nací el veinte de abril en Barrancabermeja, Santander. En los primeros tres meses de vida todo parecía normal en mí, pero luego cuando cumplí los cuatro meses, mi existencia dio un giro, ya que gracias a una bronconeumonía pudieron detectar que tenía un problema en el corazón, para ser más específica me diagnosticaron una coartación aortica, a raíz de esto me realizaron unas cirugías en Bogotá, ya que en Barrancabermeja no había nadie que me pudiera operar y en ese tiempo en Bucaramanga todavía no existía la Fundación Cardiovascular o Ardila Lulle, por obvias razones no lo recuerdo, pero mis padres me lo comentaron.
A partir de ese momento estuve en controles permanentemente y hospitalizada, cuando todo parecía mejorar, reaparece la coartación aortica, ya que los médicos no querían nuevamente intervenir quirúrgicamente, pero al final fue necesario, haciéndome una angioplastia, pero lamentablemente sólo me duró un año, así que al año siguiente tuvieron que corregir esta coartación aortica, ya para ese tiempo tenía cinco años, así que recuerdo un poco sobre esta parte de mi infancia, antes de ser internada nuevamente, recuerdo que íbamos mi padre y yo paseando por una calle de la capital, en ese momento llevaba una chaqueta que era de mi progenitor que me llegaba hasta casi tocar mis tobillos, yo estaba feliz de caminar al lado de él, mi padre me llevó a un centro comercial y quedé fascinada, al parecer mi padre sabía que me iban a operar pues me llevó a varios sitios donde yo podía disfrutar y divertirme, luego pasamos por un puesto de revista, donde él me preguntó que si quería algo de ese local, pues me quedé observando la cantidad de revistas, comics, periódicos, etcétera y me sentía tan abrumada que no sabía que escoger, sin embargo, mi padre me recomendó un libro de historietas llamado “Condorito”, él me dijo que cuando era niño se divertía leyendo las aventuras de este personaje, así que sin dudarlo le pedí que me lo comprara y así fue; tengo el presentimiento que mi padre no quería que me aburriera en la clínica.
Así que ya estando a puertas de la segunda cirugía, ésta realizada en la cardio infantil, tengo muy presente que mi madre lloraba mucho, me cuestionaba y le preguntaba cual era la razón de sus lagrimas, pero ella con la sutileza que la caracteriza, me decía que no era nada, que le había entrado un poco de mugre en los ojos; llega a mi memoria que en los primeros días que estuve internada el médico llamó a mi madre a parte, desde luego no quería que yo oyera, pero sin embargo, cogí el suero que tenía puesto en mi mano y me escondí detrás de una columna y pude escuchar, oí que me iban a hacer una cirugía muy riesgosa, donde podría morir, pero la verdad en ese momento no entendía lo que el médico le estaba diciendo a mi madre, así que me apresuré acostarme sobre la camilla y en ese mismo instante el rostro de mi madre se llenó de lagrimas y no había poder humano que pudiera detenerlas.
Por otra parte, en el tiempo que estuve internada en la clínica, había una persona que se encargaba de distraernos, de sacarnos de esa rutina y del aburriendo de estar allí, así que nos traía libritos con dibujos y con pequeños textos, así que yo los cogía, observaba sus dibujos y el material en el que estaban hechos y trataba de leerlos pero no llegaba a comprenderlos; y analizando la situación, la verdad no teníamos un verdadero acompañamiento para la lectura, ni era el momento indicado, pues así como yo trataba de leer el libro, otros de los niños estaban jugando, y pues todos hacían lo que quería; considero que a esa edad no se podía exigir mucho y más por el hecho de que estábamos en un clínica más no en un aula de clase. Cuando regresé a Barrancabermeja y empecé nuevamente el colegio recuerdo que la profesora nos exigía leer cartillas y pequeños libros, otras nos ponía a hacer "cuentos", y es curioso, por supuesto no teníamos conocimiento de la estructura ni de la gramática, ni la lingüística, para realizar un verdadero cuento, así que yo lo escribía tal y como lo estaba pensando, y eran ideas sueltas, incoherentes, incluso mi madre una vez encontró uno de esos cuentos, y se reía; el cuento se titulaba la niña que vivía en Egipto, aunque no tenía conocimiento del mundo o de su división geopolítica, nombré ese cuento de esa manera, así que a esta edad aún me pregunto la razón de escoger ese país, continuando con el cuento, esta niña no sé porque, pero huía, así que se escondía en una cueva, tal vez la pobre le tenía miedo a todo. Ese cuento era pésimo, por todo, le faltaba estructura, tenía horrores de ortografía, en fin, era un desastre.
Cuando curse quinto de primaria, los profesores nos llevaban a la biblioteca de la institución y era un espacio de una hora donde teníamos que leer, así que podíamos escoger cualquier libro de los que estaban allí. Yo miraba su portada y su título, si me llamaba la atención lo leía. Pero en este momento no recuerdo ni uno de esos libros que leí. Además, la profesora llevaba un control de lectura, nos pedía que leyéramos en casa, y llenáramos una ficha, donde debíamos leer durante un minuto un texto y después contábamos las palabras, escribíamos el número cantidad de palabras que habíamos leído durante ese tiempo. Lamentablemente, esto no era leer, ya que no llegaba a comprender el texto, me preocupaba más por llenar la ficha, que por entender o analizar el texto.
Luego, cuando ya empecé la secundaría leíamos varios libros para mí eran muy aburridos, y no les encontraba sentido. El libro más tedioso que leí en ese momento fue el “Popol Vuh”, recuerdo que había tantas palabras desconocidas que se me hizo molesto. Otro libro que si me gustó fue “La Celestina” de Fernando Rojas, el único inconveniente fue la letra, era muy pequeña. Un libro que me fascinó y me atrapó con su historia fue “El Perfume” de Patrick Süskind, estaba tan interesante que lo leí en un día, inclusive casi ni almuerzo por saber cómo iba a terminar, me encanta la descripción que hace el autor del texto, tal vez eso fue lo que más me llamó la atención. Otro libro, aunque no fue impuesto por algún docente, y sólo fue recomendación de mi hermana, se titulaba “Mientras Llueve” de Fernando Soto Aparicio, me atrajo la historia un poco romántica pero triste. Y una obra maestra, pero sinceramente no tuvo de mi parte el trato que se merecía fue “Cien años de Soledad”, no sé por qué pero no despertó en ese momento mi interés, pero ya cuando tuve que leerlo aquí en la universidad, me lamento por no haberlo apreciado en ese momento de mi vida, y reconozco fue un error, y entiendo que es una excelente obra, por algo ganó el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez con esta maravillosa novela.